El escenario exige reducir un 51% la huella energética, multiplicar casi por cinco la generación renovable y destinar el 2,1% del territorio a nuevas instalaciones
Euskal Herria podría alcanzar en 2050 un sistema energético completamente renovable y autosuficiente, siempre que reduzca aproximadamente a la mitad su consumo y acelere de forma sustancial el despliegue de generación limpia. Esta es la principal conclusión de un estudio publicado en la revista científica Utilities Policy y elaborado por Ortzi Akizu-Gardoki, Martin Lallana, Erlantz Lizundia y Unai Pascual.
La investigación, financiada por el sindicato LAB y la Euskal Herriko Unibertsitatea, analiza conjuntamente la Comunidad Autónoma Vasca, Navarra e Iparralde. El trabajo modeliza un escenario de transición basado en la autosuficiencia neta, la reducción de la demanda y una participación mayoritaria de la propiedad pública y comunitaria en la nueva capacidad energética.
Reducir el consumo y multiplicar la generación renovable
El modelo establece como primera condición una reducción del 51% de la huella energética. Esta pasaría de 40,1 MWh por habitante y año a 19,4 MWh en 2050.
Al mismo tiempo, la producción renovable propia tendría que aumentar un 386%, desde los 13 TWh actuales hasta aproximadamente 63 TWh anuales. El escenario contempla una amplia electrificación del consumo y reserva el uso del hidrógeno principalmente para la industria pesada y la aviación.
El transporte sería uno de los sectores con mayor transformación. La propuesta plantea electrificar la flota, reducir de forma significativa el uso del vehículo privado y reforzar el transporte público. En los edificios, prevé una electrificación completa, un descenso del 50% del consumo térmico mediante aislamiento y una reducción del 20% en el uso de electricidad. Para la industria, calcula un recorte del consumo del 30% y una electrificación del 60%.
El 2,1% del territorio para solar y eólica
Cubrir toda la demanda con recursos propios requeriría instalar paneles solares en los tejados y dedicar el 1,6% del territorio a generación fotovoltaica y el 0,5% a eólica. En conjunto, las instalaciones ocuparían cerca del 2,1% de Euskal Herria, alrededor de 43.000 hectáreas.
El estudio prioriza instalaciones distribuidas y de menor tamaño, como aerogeneradores de 800 kW, minicentrales hidroeléctricas de 100 kW y plantas de biomasa de 500 kW. La propuesta sitúa la fotovoltaica sobre cubierta antes que la ocupación de nuevo suelo.
El punto de partida es una elevada dependencia energética exterior. Según los autores, el 79% de la energía consumida procede actualmente de combustibles fósiles y la dependencia del exterior alcanza el 87%, o el 89,6% al incluir la energía incorporada en los bienes y servicios importados.
Mayoría pública en la nueva potencia
El escenario calcula que sería necesario construir 36,8 GW adicionales hasta 2050. El 65% de esa nueva capacidad sería de titularidad pública.
En el conjunto del sistema proyectado, el 51% de las instalaciones pertenecería a administraciones públicas, el 6% a la ciudadanía y el 22% a empresas. El 21% restante correspondería a la generación ya existente, mayoritariamente privada.
La construcción de 23,5 GW de nueva potencia pública exigiría una inversión estimada de 15.920 millones de euros entre 2026 y 2050. El desembolso medio sería de unos 637 millones anuales durante 25 años, equivalente, según el estudio, al 2,6% del presupuesto público conjunto de Euskadi y Navarra.
Un escenario de viabilidad técnica
Los investigadores advierten de que el trabajo demuestra la viabilidad técnica del escenario, pero no constituye una propuesta política cerrada. Tampoco cuantifica los impactos ambientales de ocupar unas 43.000 hectáreas ni los posibles conflictos sociales asociados a un despliegue de esta magnitud en un territorio densamente poblado.
El análisis sostiene además que los planes energéticos actuales de Euskadi, Navarra e Iparralde prevén una integración renovable insuficiente para alcanzar la neutralidad climática. La ejecución del escenario dependería, por tanto, no solo de la tecnología disponible, sino también de decisiones sobre consumo, propiedad, planificación territorial y financiación.



