RESUMEN: Europa afronta un punto de inflexión en su apuesta por las tecnologías limpias, en un contexto marcado por la competencia global, la presión energética y la necesidad de reforzar su autonomía estratégica. El desarrollo del cleantech no solo será clave para avanzar en la transición energética, sino también para consolidar el crecimiento industrial, económico y del empleo en la Unión Europea.
El sector reclama más inversión y un mercado único real para competir a nivel global
El debate sobre el futuro del cleantech en Europa ha centrado una de las mesas principales del Energy Tech Summit celebrado en Bilbao, donde expertos, inversores y representantes del sector han coincidido en que el continente se encuentra en un momento decisivo. La transición energética ya no es solo una cuestión ambiental, sino un factor determinante para el liderazgo industrial europeo en un entorno internacional cada vez más competitivo.
Durante el encuentro, moderado por Bianca Dragomir, directora de Cleantech for Iberia, se ha puesto de relieve la necesidad de crear condiciones reales de inversión que permitan escalar las tecnologías limpias. Los participantes han insistido en que la autonomía estratégica de Europa dependerá en gran medida de su capacidad para impulsar proyectos a gran escala y atraer capital, tanto público como privado.
Uno de los principales obstáculos identificados es la fragmentación del mercado europeo, que dificulta el desarrollo de proyectos y reduce la competitividad frente a economías como Estados Unidos o China. En este sentido, cerca del 70% de los innovadores en cleantech consideran que esta falta de integración es una de las principales barreras para el crecimiento del sector.
Además, el panel ha subrayado otros retos estructurales como la visibilidad de la demanda, los elevados costes energéticos y la complejidad de los procesos administrativos. Para superarlos, los expertos abogan por una mayor coordinación entre políticas industriales, energéticas y financieras, así como por una financiación pública que actúe como catalizador de la inversión privada.
En este escenario, la península ibérica emerge como un polo atractivo para la inversión en tecnologías limpias, gracias a sus costes energéticos competitivos y su elevado potencial en energías renovables. Los participantes han coincidido en que Europa debe pasar de la fase de diagnóstico a la acción, acelerando el despliegue de soluciones a gran escala si quiere mantener su competitividad y liderazgo en el ámbito energético.



