RESUMEN: La energía solar fotovoltaica se ha consolidado como la principal fuente de crecimiento del sistema energético en 2025, superando al gas y marcando un punto de inflexión en la transición hacia un modelo más limpio. El avance de esta tecnología refleja el cambio estructural del mix energético, impulsado por la caída de costes, el desarrollo tecnológico y el impulso regulatorio a las renovables.
El despliegue solar acelera la transición energética y reduce el peso de los combustibles fósiles
El crecimiento de la energía solar ha sido uno de los principales motores de la transformación del sistema energético a nivel global. Su rápida expansión ha permitido desplazar parcialmente a fuentes fósiles como el gas, consolidando su papel como tecnología clave en la descarbonización y en la reducción de emisiones.
Este avance se explica, en gran medida, por la competitividad de la fotovoltaica, cuyos costes han disminuido de forma sostenida en los últimos años, facilitando su adopción tanto a gran escala como en instalaciones de autoconsumo. A ello se suma un contexto internacional marcado por la volatilidad de los precios del gas, que ha reforzado el atractivo de las energías renovables.
Además, la capacidad instalada de energía solar continúa creciendo a un ritmo elevado, impulsada por políticas públicas orientadas a acelerar la transición energética y mejorar la seguridad de suministro. En este escenario, la fotovoltaica no solo contribuye a diversificar el mix energético, sino que también refuerza la independencia energética de los países.
El reto ahora pasa por acompañar este crecimiento con inversiones en redes, almacenamiento y flexibilidad del sistema, elementos clave para integrar de forma eficiente una mayor penetración de renovables. Todo apunta a que la energía solar seguirá desempeñando un papel protagonista en los próximos años, consolidándose como uno de los pilares del nuevo modelo energético.



