RESUMEN: El proyecto ATLAS (Atlantic Tracking with Lightwave Acoustic Sensing) busca transformar la forma en que se monitoriza el océano, utilizando infraestructuras ya existentes para escuchar lo que ocurre bajo el agua. A través de tecnología de sensado acústico distribuido, la iniciativa pretende detectar ballenas, mapear el ruido radiado submarino y mejorar los sistemas de alerta ante terremotos y riesgos geológicos. Con financiación europea y un enfoque colaborativo internacional, el proyecto aspira a contribuir a un Atlántico más saludable, seguro y resiliente.
NOTICIA: El proyecto europeo ATLAS ha elegido el marco del Día Mundial de las Ballenas, que se celebra el 15 de febrero, para presentar su nueva web y dar a conocer al público una iniciativa que propone “una nueva manera de escuchar el Atlántico”. Coordinado por PLOCAN y financiado por el programa Interreg Atlantic Area de la Unión Europea, el proyecto se desarrollará hasta 2028 con un presupuesto de 3,5 millones de euros y la participación de entidades de España, Irlanda, Portugal, Francia y Noruega. Su misión es clara: aprovechar la tecnología para proteger la biodiversidad marina y mejorar la seguridad en el océano.
El punto de partida es una realidad científica incuestionable: el océano no es silencioso. El sonido viaja bajo el agua cuatro veces más rápido que en el aire, lo que convierte la acústica en un elemento esencial para la vida marina. Ballenas y delfines dependen del sonido para comunicarse, orientarse en largas migraciones y localizar alimento. Sin embargo, el aumento del Ruido Radiado Submarino (URN), generado por actividades humanas como el tráfico marítimo o las obras en el mar, puede confundir, estresar e incluso dañar a estos animales. En especies vulnerables como la ballena franca del Atlántico Norte, el ruido y las colisiones con buques representan amenazas crecientes.
ATLAS propone una solución innovadora basada en la tecnología Distributed Acoustic Sensing (DAS). Mediante el envío de pulsos de luz láser a través de cables submarinos de fibra óptica ya desplegados en el fondo marino, el sistema detecta mínimas alteraciones en la luz reflejada cuando ondas sonoras,procedentes de ballenas, barcos, tormentas o terremotos, interactúan con el cable. Estos cambios permiten medir con gran precisión las vibraciones acústicas a lo largo de decenas de kilómetros sin necesidad de instalar nuevos equipos en el mar, reduciendo costes e impacto ambiental.
La red global de cables submarinos, responsable de transportar la mayor parte de las comunicaciones internacionales e Internet, se convierte así en una gigantesca red de sensores oceánicos. Gracias a este enfoque, los científicos podrán escuchar llamadas de cetáceos, monitorizar el ruido de los buques para prevenir colisiones, detectar actividad sísmica y construir un sistema de observación ambiental más inteligente. ATLAS no solo abre una nueva frontera tecnológica, sino que aspira a sentar las bases de un modelo de gestión del océano más sostenible, donde la innovación y la protección del medio marino avancen de la mano.



