RESUMEN: El investigador y emprendedor Jaime Olaizola ha sido reconocido con el I Premio de Ecología 2026 por su innovador trabajo en reforestación inteligente y regeneración de ecosistemas. El galardón, impulsado por el Instituto Juan Belmonte y Legados, pone en valor su contribución científica y su impacto en la sostenibilidad del territorio, en un momento clave para la lucha contra el cambio climático y la recuperación del medio natural.
Un reconocimiento a la innovación científica aplicada a la regeneración de los bosques
El Senado ha acogido la entrega del I Premio de Ecología 2026, un reconocimiento que en su primera edición ha recaído en Jaime Olaizola, fundador de ID Forest. Este galardón destaca su labor pionera en el ámbito agroforestal, donde combina biotecnología, investigación y gestión del territorio para impulsar modelos más sostenibles de reforestación. La iniciativa, promovida por el Instituto Juan Belmonte y Legados, busca visibilizar proyectos que refuercen el vínculo entre sociedad y naturaleza.
El trabajo de Olaizola se centra en el estudio de la microbiota del suelo, un elemento clave pero a menudo invisible en los ecosistemas forestales. Su investigación demuestra cómo los microorganismos influyen directamente en la salud de los bosques, mejorando su resiliencia frente a incendios, sequías o plagas. Este enfoque científico permite avanzar hacia modelos de restauración ecológica más eficaces y adaptados a los retos climáticos actuales.
El jurado ha valorado especialmente su capacidad para integrar conocimiento científico, innovación tecnológica y experiencia en el territorio. Su enfoque no solo impulsa la regeneración ambiental, sino que también pone en valor el papel del mundo rural, destacando a agricultores y gestores del territorio como actores clave en la conservación de la biodiversidad y el equilibrio ecológico.
Este premio, dotado con 5.000 euros, nace con el objetivo de reconocer iniciativas que aporten soluciones reales para la protección del medio natural en España. En un contexto de creciente preocupación por el cambio climático, el trabajo de Olaizola se posiciona como un ejemplo de cómo la ciencia y la tradición pueden converger para construir un futuro más sostenible y resiliente.



