RESUMEN: La Agencia Espacial Europea (ESA) alcanzó un hito científico al registrar de forma casi ininterrumpida durante 94 días la evolución de una región activa del Sol, gracias a la misión Solar Orbiter y el soporte de observatorios espaciales. Este seguimiento sin precedentes mejora la comprensión de fenómenos solares que pueden desencadenar tormentas geomagnéticas capaces de afectar las tecnologías terrestres y espaciales
NOTICIA: La Agencia Espacial Europea (ESA) ha registrado un avance sin precedentes en la observación solar al seguir durante 94 días consecutivos una misma región activa de la estrella, denominada NOAA 13664, en un logro que marca un récord para la física solar moderna. Esta observación, combinada con datos complementarios de misiones espaciales internacionales, ofrece una visión detallada de los procesos detrás de la actividad del Sol y sus posibles impactos en la Tierra y la infraestructura tecnológica global.
La hazaña fue posible gracias a la sonda Solar Orbiter, que desde 2020 recorre una órbita alrededor del Sol diseñada para observar tanto la cara visible como la oculta de nuestra estrella. Entre el 16 de abril y el 18 de julio de 2024, los científicos utilizaron imágenes de esta misión junto con las del observatorio Solar Dynamics Observatory de la NASA, situado en la línea Tierra-Sol. Esta combinación permitió un seguimiento casi continuo del ciclo vital de la región activa, desde su emergencia hasta su desintegración.
Los expertos destacan que este registro representa la serie de imágenes más amplia obtenida nunca para un mismo punto de actividad solar, superando las limitaciones habituales impuestas por la rotación del Sol. Normalmente, una zona activa solo puede observarse desde la Tierra durante un corto intervalo, unos 14 días, antes de girar hacia la cara oculta; la continuidad lograda ahora abre una ventana única para entender mejor cómo se forman, evolucionan y disipan estas regiones.
La región NOAA 13664 también fue responsable de algunas de las tormentas geomagnéticas más intensas registradas desde 2003, que en mayo de 2024 generaron auroras boreales visibles incluso en latitudes europeas no habituales. Estos fenómenos tienen un origen directo en la compleja interacción de campos magnéticos solares y, cuando alcanzan la Tierra, pueden perturbar redes eléctricas, sistemas de comunicación y satélites.
A pesar de este avance, los científicos admiten que aún existen grandes desafíos en la previsión exacta de las erupciones solares. No es posible aún anticipar con precisión si una región producirá una única erupción intensa o múltiples eventos de menor intensidad, ni determinar el momento exacto de estos sucesos. Para superar estas limitaciones, la ESA está desarrollando una nueva misión llamada Vigil, programada para ser lanzada en 2031 con el objetivo de mejorar las predicciones del denominado clima espacial.
El seguimiento prolongado de regiones activas mediante sondas como Solar Orbiter se considera un paso imprescindible para avanzar en modelos que permitan proteger mejor las redes tecnológicas modernas y los sistemas sensibles, desde satélites hasta infraestructuras energéticas y de telecomunicaciones.



