RESUMEN: España y Portugal se consolidan como actores clave en la transformación energética de Europa gracias a su combinación de recursos renovables competitivos, tejido industrial y capacidad para desplegar proyectos a gran escala con rapidez. En un contexto en el que el continente busca acelerar la descarbonización sin perder competitividad industrial, la Península Ibérica aparece como un eje estratégico capaz de generar crecimiento económico, atraer inversión y reforzar la autonomía energética europea si logra aprovechar la ventana de oportunidad que se abre en esta década.
España y Portugal combinan renovables competitivas e industria para liderar el cambio.
El análisis presentado en el marco del Foro Económico Mundial en Davos apunta a que la región podría generar hasta un billón de euros de valor añadido y cerca de un millón de empleos para 2030 si se activan las palancas adecuadas. El diagnóstico, impulsado por McKinsey & Company junto con grandes actores industriales, sostiene que ambos países tienen condiciones únicas para convertirse en un polo de competitividad energética e industrial dentro del continente.
Entre los factores diferenciales destacan el coste competitivo de las energías renovables, la existencia de una base industrial consolidada y la capacidad de escalar soluciones en sectores emergentes. La estrategia pasa por impulsar ecosistemas en ámbitos como combustibles y moléculas renovables, baterías, tecnologías digitales o inteligencia artificial, además de reforzar la coordinación entre administraciones y empresas para acelerar proyectos.
El planteamiento también subraya la necesidad de adaptar la regulación para favorecer la inversión y la actividad empresarial, eliminando barreras administrativas y garantizando marcos estables y predecibles. A ello se suma la urgencia de acelerar el despliegue de infraestructuras críticas, redes eléctricas, almacenamiento, transporte y logística, y de intensificar la inversión en innovación y desarrollo tecnológico para sostener la competitividad a largo plazo.
Por último, el informe incide en la importancia del talento como motor de la transición, proponiendo programas de recualificación a gran escala, incentivos para atraer profesionales cualificados y el uso de herramientas basadas en inteligencia artificial para mejorar la productividad. Con decisiones rápidas y cooperación transfronteriza, la Península Ibérica podría desempeñar un papel decisivo en la construcción de un sistema energético europeo más resiliente, sostenible y competitivo.



