Castilla y León avanza en la electrificación del transporte apoyándose en una de las redes de recarga más desarrolladas del país. La comunidad se sitúa a la cabeza en infraestructura de carga rápida, un factor clave para impulsar la adopción del vehículo eléctrico y mejorar la confianza de los usuarios.
Según los últimos datos del Barómetro de la Electromovilidad, la región cuenta con 1.417 puntos de recarga rápida de acceso público, distribuidos por todo el territorio. Esta red permite reducir de forma significativa los tiempos de carga, situándose en muchos casos entre los 10 y los 80 minutos, dependiendo de la potencia del cargador
Uno de los aspectos más destacados es el peso de los cargadores de alta potencia. Cerca del 20% de la infraestructura supera los 50 kW, lo que posiciona a Castilla y León como una de las comunidades con mejor red de carga rápida del país y un referente en el despliegue de este tipo de tecnología.
Este desarrollo responde al creciente interés por los vehículos electrificados, que ya representan una parte relevante del mercado automovilístico. En concreto, este tipo de motorizaciones alcanza alrededor del 39% de las ventas, reflejando una tendencia al alza impulsada por la mejora tecnológica y la ampliación de la oferta.
Sin embargo, pese a estos avances, la comunidad aún enfrenta algunos retos. Aproximadamente el 60% de los puntos de recarga disponibles corresponden a cargadores de menor potencia, lo que implica tiempos de carga más prolongados. Además, más de mil puntos instalados se encuentran fuera de servicio, lo que limita el aprovechamiento real de la infraestructura.
Otro de los indicadores que condiciona el desarrollo de la movilidad eléctrica es la relación entre puntos de recarga y población potencial usuaria. En este aspecto, Castilla y León pierde posiciones en el ranking nacional, situándose por detrás de otras comunidades como Cantabria o Cataluña.
Esta combinación de fortalezas y debilidades ayuda a explicar por qué, a pesar de contar con una de las redes más avanzadas, el vehículo eléctrico no termina de consolidarse plenamente en la región. Muchos usuarios siguen optando por soluciones híbridas que combinan motor de combustión y asistencia eléctrica.
En este contexto, el reto pasa por seguir ampliando la red, mejorar su operatividad y aumentar el peso de la carga rápida, con el objetivo de facilitar la transición hacia una movilidad más sostenible y eficiente.



